Míster Hyde y Jack The Ripper
Para la poetisa María Laura, a quien prometí escribir este relato-cuento y para Joana, si no le molesta demasiado...
Conexión niebla.
La policía londinense nunca supo quien fue Jack El Destripador. La policía londinense siempre dijo no saber quien era Jack El Destripador. El Presidente del Consejo de Comerciantes del barrio de Whitechapel dejó varios nombres en la mesa, los tabloides londinenses señalaron con el dedo a varios individuos, pasaron los años... y más años. Y más. Hasta llegar a hoy en que nunca se ha descubierto quien era Jack The Ripper. Otra cosa es que se supiera o no.
El personaje repulsivo creado por Robert Louis Stevenson, Hyde, paseaba a sus anchas por las calles ahogadas en la niebla de Londres. En barrios ricos, pero principalmente, en barrios miserables. Uno de ellos, el de Whitechapel. Ostentoso con el bastón de bella empuñadora de Henry Jekyll... y con él arreando bastonazos a quién se cruzaba en su camino. ¿Por qué? ¿Acaso había un motivo? Tan solo uno: Hyde era la rabia, el odio, la dosis de maldad que Henry Jekyll poseía dentro de sí. Y que en su laboratorio de pruebas cada noche lograba sacarse como si tú consiguieras sacarte de dentro la solitaria. Hyde era un personaje realizado solo para hacer daño. Era el mal mismo con patas. Y su forma era la imaginamos en la maldad. Pero, una vez establecida esta primera premisa, preguntemos una vez más: ¿quien era Jack? Y luego las interrogantes que aparecen: el por qué de su actitud, el motivo de la elección de las infortunadas que cayeron desventradas ante sus botas y, la más importante para que este relato cobre sentido: ¿de donde salió?
Hyde y Jack fueron personajes surgidos del vientre, de las vísceras, de la tenebrosa niebla londinense. La niebla que parece esconder tras de si un mundo donde reinan los monstruos, donde la violencia anda desatada y no hay poder que logre controlarla. Tras la niebla quizá hay la amoralidad. La conexión de un personaje real pero nunca descubierto con uno de ficción pero que sentimos como cocea en nuestro interior, era la niebla. Que es lo mismo que decir que era la impunidad.
"Hay una sombra, negra, negra,
muy negra... al final de la calle
y me ha dicho que quiere jugar conmigo,
a bailar la canción que canta mamá,
pero esa silueta, negra, negra,
muy negra, no tiene manos,
no me podrá agarrar... viene ya!
(Canción tradicional irlandesa de taberna.)




























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